No se necesita gran cosa para morir, y buscar la muerte es no buscar nada. Dn. Juan Matus
miércoles, noviembre 07, 2012
PERMANENCIA
Y me quedo contigo, y te quedas en mí, no sólo tu olor, ni el calor de tu cuerpo. Comienza la semana y todavía te siento como si estuvieras recostado junto a mí.
Cada vez que regresas eres mío. Los minutos, las horas, me saben a eternidad. Y en la boca conservo tu sabor a durazno, dulce y ácido a la vez.
Los labios conservan la textura de los tuyos y me confortan en los momentos de soledad, de ausencia de ti.
La impronta permanente de tu ser en mi memoria, en el papel de mis pensamientos y en el deseo de mi cuerpo.
Te adoro porque apareces en cada amanecer, y la sombra de tu cariño me protege de la rutina del día a día.
Estás en las pequeñas cosas, las cotidianas, las que permiten que mi mundo siga girando.
Te muestras en las mañanas mientras bebo mi café, en las tardes cuando conduzco sin rumbo, en las noches donde salgo a caminar y me prendo un cigarro, mientras recuerdo los besos antes de dormir.
Y te cuento historias frente al espejo, mientras me acaricio el rostro pensando en ti.
Eres ya parte del paisaje de mi caminar en el sendero de la vida. Y las piedras, los árboles, el asfalto, me sonríen como tú. Las gotas de lluvia saben a tí y me cuentan tus secretos inconfesables.
Entraste en mí y te quedaste para siempre. No salgas, el ruido de la ciudad se apaga, y las luciérnagas iluminan el lecho.
jueves, octubre 25, 2012
INCERTIDUMBRE
¿Qué será de mí cuando no vengas?
Cuando tu abrazo no cobije mi soledad, cuando me falte la guía de tus caricias y el olor de tu piel.
Será acaso que mis ojos olvidarán la constelación de los lunares en tu espalda, mi nariz borrará la memoria del olor de tu sudor entre las sábanas, mis manos buscarán las concavidades de otros cuerpos.
¿Qué será de mí cuando te alejes?
Cuando tu presencia huela a sal, cuando no quede rastro de tu calor en el lecho.
Tengo miedo de perderme sin ti, en el océano de tu olvido, en el enfado de una tarde lluviosa.
¿Qué será de mí cuando los ojos se sequen y el corazón se marchite?
Cuando este cuerpo mío ya no reciba la miel de vida que en tu pecho fluye, cuando la piel se fracture por la falta de tu tacto.
Qué será, que fue, que ya no queda nada.
martes, octubre 23, 2012
EL LLANTO
Me gusta llorar en soledad, porque si alguien mira, el segundo previo a que se derrame la lágrima se tiñe de ridículo. Se convierte en un espectáculo macabro donde los demás imaginan mil cosas que causaron el exabrupto.
El llorar es un acto íntimo, donde se libera el dolor añejo, las palabras falsas, los castillos de polvo. Las lágrimas son productos tóxicos donde se desechan los conceptos como amor, dios, camaradería y resurrección. Esas gotas cristalinas son detritus del alma que conmueven de una manera grotesca a los que observan con morbo y se alimentan de las frustraciones ajenas.
Nadie debería jamás beber las lágrimas de otro ser, es una práctica poco higiénica. Tanto se habla de lo correcto que es asistir a los velorios, a acompañar a los dolientes, sin embargo, llegan ahí muchas veces sin conocer al difunto. Afinan sus instrumentos para medir el nivel de dolor real que sienten los que tuvieron la pérdida, califican el momento dependiendo de los alaridos, de los sollozos, del enrojecimiento de los ojos.
Por eso, me gusta disfrutar del llanto en mi habitación, ese templo sagrado donde puedo desnudarme de las caretas que uso en la sociedad. Lleno mi mente de imágenes en orden creciente de nostalgia, para hacer una sinfonía de lágrimas que viscosamente resbalan por mi rostro. Exprimo hasta la última gota, porque también de esto se trata la vida. De morir por los ojos y desgarrarse el alma, para reconstruir después los recuerdos con una visión más clara, lavada con sal y sangre en el amanecer de otra noche sin ti.
jueves, octubre 18, 2012
PUERTA
El pórtico está abierto. Mi bosque te espera, para que descanses tus ojos de las vistas artificiales de la ciudad. Para que comiences a conocer con todos tus sentidos el mundo desnudo, que sientas con la lengua, que veas con el tacto, que h
uelas con los oídos y me percibas vulnerable y tibia.
El pórtico está abierto, sólo un día de distancia al paso que transgrede los límites de mi piel y de la imaginación.
El pórtico está abierto y ya todo dispuesto para recibirte con palmas, flores exóticas que se deshojan con tu mirada, especias picantes que paladeas con tu voraz boca.
El pórtico está abierto y esta es una invitación selecta.
viernes, septiembre 07, 2012
EL BESO
Esa tarde entre almohadones lustrados por el sudor de tantos fajes en tiempo transcurrido, él me besó.
Después de probar tantas bocas, tantas lenguas, salivas de múltiples sabores, lo sentí como el primer beso.
Ese beso con labios temblorosos, tímidos en un inicio pero voraces después de un tiempo.
Entre la distancia que separaba los cuerpos, flotaban pensamientos, miedos, timideces añejas.
En la mente volábamos para el encuentro, surcábamos cielos bajo esa lluvia menuda que cae sin dolor, sólo para prodigar la humedad perfecta que hidrata los sentimientos más dulces.
Fue un beso sin deseo, un beso de prueba, de novedad añorada, beso de hojarasca, beso de cristal de ventana a medianoche sin luna.
De esos primeros besos en una esquina, rápidos, sin expectativa de meter las manos bajo la blusa ni nada más.
De esos besos que te dan justo lo que necesitas, ese tinte de inocencia que sólo se consigue de los seres no profanados por la lujuria.
Sólo sé, que ese beso fue el primero, el único en mis años vividos, el beso de mis sueños infantiles, el beso de Klimt debió sentirse así estoy segura.
Y aquí estoy, a mi edad, esperando la siguiente ocasión para que él me bese y escuchar campanillas en el cliché del amor de mano sudada, del caminar por la alameda, pensando bajo la tempestad... que él me pertenece.
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