martes, febrero 22, 2011

Mi Amante


Yo tengo un amante, lo confieso. Es un ser humano que me ama intensamente a ratos.

Esos minutos que compartimos, valen un universo de sensaciones y las caricias de años en compañía.

Cuando nos reunimos llena cautelosamente todos los vacíos de mi alma.

Con sus manos cura las heridas que otros seres me dejaron en batallas impersonales, supérfluas, sin sentido.

Marca toda mi piel con su lengua, dibujando laberintos de sal.

Al ritmo de la carne palpitante danzamos del día a la noche, en un vaivén interrumpido solamente con pausas entre orgasmo y orgasmo.

El amor físico abre puertas a la comunicón espiritual, en una vibración de intensidad creciente a cada segundo de su tacto.

Todas mis fibras se estremecen a la simple percepción de su mirada.

Mi amante, me toca más allá de la piel y me acaricia con la sutileza del viento y la implacable furia del océano. Me ama más aún en la lejanía de los cuerpos.

Mi piel está tatuada con el mapa de sus caricias, jeroglíficos antiguos plasmados a través de los siglos.

Yo digo amor, cuando mi sexo solicita su presencia. Él dice cariño, cuando me atraviesa como un rayo de luz cayendo sobre un prisma de cristal.

Y nuestro amor-cuerpo permanece y trasciende los espacios.

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